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Al descender del precario embarcadero, el cauce de aguas residuales saluda a los viajeros en cuanto caminan hacia la población. Más adelante se observa que una parte de la playa la engulló el mar, que también se tragó dos calles; los escombros de las viviendas destruidas siguen esparcidos en la orilla. 

Tampoco existe una planta de tratamiento de aguas, acueducto, alcantarillado ni un botadero de basuras en condiciones. Del hospital prometido solo dejaron un esqueleto que se unió a la manada de elefantes blancos que devoran miles de millones de pesos por todo el país. En cuanto a la energía, llega 18 horas al día por el alto costo del ACPM para un municipio de categoría 6. Alcanza para 1.900 galones diarios. Y ni hablar del campo. Poseer tierras o recorrerlas y disfrutar de un paisaje bellísimo se volvió una quimera para los acandileros, puesto que tres terratenientes foráneos, sin interés alguno en el progreso de la comunidad, las monopolizan. Incluso vallan ríos y los desvían a su antojo.

Si alguien se enferma o sufre una fractura, deben trasladarlo a Turbo o Necoclí en lanchas de la Armada o privadas. Las dos ambulancias bien equipadas que había “las dejaron acabar para hacer contratos con particulares”, comenta un lugareño. “Lo mismo pasó con el equipo de rayos X”.

 

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Artículo sacado de:  http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/la-cara-negativa-de-acandi-un-paraiso-en-choco-170140

 

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